En vísperas del Primero de Mayo y la conmemoración de San José Obrero, fiesta con que la Iglesia celebra en el Día de los Trabajadores, nos reunimos en la Iglesia Catedral para alabar a nuestro Señor, quien nos creó capaces de colaborar con el cuidado y el perfeccionamiento de la Creación, mediante el trabajo que dignifica y engrandece al hombre. Junto a la comunidad dimos gracias a Dios por este día.
La Eucaristía fue presidida por Monseñor Koljatic, y concelebrada por el P. Silvio Jara, el P. Lorenzo Solari, Diáconos y Ministros Lectores. En su homilía destacó: “La Iglesia se une a esta importante festividad del mundo civil, porque nada de lo humano le es indiferente a los discípulos de Jesús, menos para la Iglesia que fue fundada por el Hijo del carpintero y que dese ser fiel a su fundador”. Haciendo un breve recorrido por la historia, destaco algunos personajes emblemáticos de esta fecha, con Don Clotario Blest y el P.Hurtado, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, Don Manuel Larraín, Mons. Miguel León Prado. Además invitó a los presentes, trabajadores y empleadores a dar gracias a Dios por: “ la Eucaristía, por la vida, por la familia, por nuestra fuente de trabajo que da el sustento familiar, por nuestras organizaciones que nos permiten trabajar juntos en la búsqueda de un mundo más justo y mejor, porque existen buenos jefes y buenos patrones, empresarios, instituciones del estado, pequeños emprendedores, que nos respetan nos dignifican, nos dan una posibilidad de ser co creadores de la obra de Dios en el mundo” En su oración estuvieron presentes también, las temporeras, quienes trabajan fuera de la región y deben dejar a sus familias, por quienes han llegado de fuera del país, para que se sientan acogidos con respeto y dignidad. Su Homilía concluyó diciendo: “Oremos porque cada día esté más cerca la realidad de que cada chileno que trabaja tenga un salario ético, que le permita una vida tranquila y digna junto a sus seres queridos”. El Ofertorio estuvo a cargo de la Pastoral de Adultos Mayores, aquellos trabajadores que con su esfuerzo han dejado huellas en nuestra sociedad, ellos pusieron ante el Altar del Señor los frutos del trabajo cotidiano, frutos de la inteligencia y el esfuerzo de esas manos, lo cual se resumía en un sencillo pero significativo cartel que decía “Adultos Mayores, ayer y hoy, dejando huellas”.
La Eucaristía fue presidida por Monseñor Koljatic, y concelebrada por el P. Silvio Jara, el P. Lorenzo Solari, Diáconos y Ministros Lectores. En su homilía destacó: “La Iglesia se une a esta importante festividad del mundo civil, porque nada de lo humano le es indiferente a los discípulos de Jesús, menos para la Iglesia que fue fundada por el Hijo del carpintero y que dese ser fiel a su fundador”. Haciendo un breve recorrido por la historia, destaco algunos personajes emblemáticos de esta fecha, con Don Clotario Blest y el P.Hurtado, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, Don Manuel Larraín, Mons. Miguel León Prado. Además invitó a los presentes, trabajadores y empleadores a dar gracias a Dios por: “ la Eucaristía, por la vida, por la familia, por nuestra fuente de trabajo que da el sustento familiar, por nuestras organizaciones que nos permiten trabajar juntos en la búsqueda de un mundo más justo y mejor, porque existen buenos jefes y buenos patrones, empresarios, instituciones del estado, pequeños emprendedores, que nos respetan nos dignifican, nos dan una posibilidad de ser co creadores de la obra de Dios en el mundo” En su oración estuvieron presentes también, las temporeras, quienes trabajan fuera de la región y deben dejar a sus familias, por quienes han llegado de fuera del país, para que se sientan acogidos con respeto y dignidad. Su Homilía concluyó diciendo: “Oremos porque cada día esté más cerca la realidad de que cada chileno que trabaja tenga un salario ético, que le permita una vida tranquila y digna junto a sus seres queridos”. El Ofertorio estuvo a cargo de la Pastoral de Adultos Mayores, aquellos trabajadores que con su esfuerzo han dejado huellas en nuestra sociedad, ellos pusieron ante el Altar del Señor los frutos del trabajo cotidiano, frutos de la inteligencia y el esfuerzo de esas manos, lo cual se resumía en un sencillo pero significativo cartel que decía “Adultos Mayores, ayer y hoy, dejando huellas”.

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