Este domingo 25, nuestro país vivirá uno de los momentos democráticos más importantes de los últimos años: el plebiscito sobre la Constitución que nos rige, abriendo dos caminos: el de aprobar la elaboración de una nueva o de continuar con la existente.
En completa libertad de conciencia y sin dejarnos amedrentar por los actos violentos de los últimos días, cada ciudadano es invitado a participar y manifestarse con su voto, discerniendo qué es lo mejor para todos. La democracia se construye desde el ejercicio responsable de la participación de cada uno de nosotros en estos acontecimientos. San Pablo nos recuerda que el mal se combate con la fuerza del bien (Rom 12, 21), y en este sentido, el modo como se logran los cambios que necesitamos, es con la participación de todos nosotros. Como cristianos, debemos amar a nuestra patria, y hoy ese amor se traduce manifestando la visión personal respecto al documento más importante del país: la Constitución de la republica.
Este proceso requiere un auténtico diálogo social que «supone la capacidad de respetar el punto de vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o intereses legítimos. Desde su identidad, el otro tiene algo para aportar, y es deseable que profundice y exponga su propia posición para que el debate público sea más completo todavía» (FT 203). Como nos pide el Papa Francisco, debemos como cristianos buscar el diálogo y encontrar para nuestro país un camino donde todos quienes queremos construir una patria más justa y fraternal, podamos sentirnos representados.

Pbro. Ronald Flores Soto, sacerdote Redentorista, párroco San Alfonso, Cauquenes

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