Más de 400 agentes pastorales se reunieron en Linares el 17 y 18 de octubre para vivir la XLV Asamblea Sinodal Diocesana en el marco del Año Jubilar, conmemorando cien años de historia y proyectando con esperanza una Iglesia viva, misionera y agradecida.
(Crónica del Centenario y la XLV Asamblea Sinodal Diocesana)
“Cien años sembrando las semillas del Reino en tierras maulinas”
Linares, 17 y 18 de octubre de 2025
El aire de Linares se llenó de memoria, fe y esperanza durante dos jornadas históricas para la Iglesia de San Ambrosio, que celebró con gozo su Centenario en comunión con la XLV Asamblea Sinodal Diocesana. Bajo el lema “Nosotros somos testigos”, donde más de 400 agentes pastorales de toda la Diócesis se dieron cita en el Colegio San Miguel Arcángel, que se transformó en el corazón palpitante de una Iglesia que camina en sinodalidad.
Un tiempo de memoria agradecida
La apertura estuvo marcada por la bienvenida fraterna de Monseñor Tomislav Koljatic, quien invitó a los participantes a vivir la Asamblea como una peregrinación de fe. La Liturgia de la Reconciliación y la Adoración al Santísimo pusieron a Cristo en el centro de la celebración, renovando la certeza de que es Él quien guía esta primera centuria. A lo largo del encuentro, la comunidad diocesana expresó con respeto y emoción su gratitud por tantos sembradores del Reino que han dejado huella en estas tierras maulinas: pastores, religiosas, misioneros y laicos cuyo testimonio permanece vivo en la memoria de la Iglesia diocesana.
Una noche para el alma: Gala Lírica del Centenario
La jornada del viernes concluyó con un momento inolvidable en el Teatro Municipal de Linares: la Gala Lírica del Centenario, con la participación estelar de la soprano linarense Maxiel Marchant y el barítono Ricardo Elgueta, acompañados por una Orquesta de Cámara del Maule y animada por Miguel Ángel Venegas.
Maxiel, emocionada de volver a su ciudad natal, recordó sus raíces en el Coro Filarmónico Marta Rivas. El público ovacionó de pie un espectáculo en que arte, belleza y fe se abrazaron como un único testimonio de la acción de Dios en la historia.
Discernir, soñar y proyectar el camino
El sábado 18 fue un día de reflexión y trabajo comunitario. En un clima fraterno, los equipos pastorales compartieron vivencias, desafíos y sueños para este nuevo siglo de evangelización. Fue un ejercicio de discernimiento profundo, de escucha mutua y de confianza en la acción del Espíritu.
La Asamblea culminó con una procesión urbana llena de color, símbolos y alegría, desde el colegio hasta la Catedral. Este gesto público de fe y unidad fue también un signo visible del Pueblo de Dios en salida, cruzando una vez más la Puerta Santa del Jubileo.
Misa Jubilar: acción de gracias por cien años de vida eclesial
La solemne Eucaristía Jubilar, presidida por Monseñor Koljatic y concelebrada por el clero diocesano, fue el culmen de esta celebración. El Obispo recordó con emoción a sus predecesores, agradeció la fidelidad del pueblo de Dios y animó a seguir caminando unidos con valentía y esperanza. También mencionó algunas de las muchas obras de este centenario: Masivas peregrinaciones de los decanatos hasta la Iglesia Catedral, Se inicia la construcción de la parroquia Santos Chilenos, Se abren las puertas de la Hospedería San Ambrosio, Se escribió el Libro con la Historia de la Iglesia Catedral de autoría del Profesor Carlos Castro y el P. Silvio Jara, próximamente la apertura del Museo Diocesano, El libro con las Biografías de los laicos y laicas del Centenario, en el que ha trabajado el Profesor Manuel Quevedo, entre muchas obras parroquiales y decanales que iremos detallando en algunos días más.
Como gran sorpresa para la comunidad de sinodales, nuevamente cantó la Soprano Maxiel Marchant, quien ofreció dos hermosas canciones, deleitando con su arte a los presentes, que nuevamente la ovacionaron.
Durante el ofertorio, cada decanato presentó un signo:
Cauquenes: 100 árboles nativos, signo de vida y cuidado de la Creación.
Constitución: redes de pesca y un crucifijo, símbolo de misión y memoria viva, que será dejado en el museo.
Parral: una radio de 1949, representando la evangelización a través de los medios, también para el museo.
Linares: una maqueta del Templo María Auxiliadora, también centenario, testimonio de la presencia salesiana.
San Javier: un registro fotográfico de las parroquias que conforman el decanato, y material del trabajo realizado en preparación al Sínodo, testimonio de los frutos de la evangelización
La cápsula del tiempo: un legado para las futuras generaciones
Uno de los momentos más emotivos fue el sellado de una cápsula del tiempo, que permanecerá custodiada en la cripta de la Catedral durante los próximos 100 años. En ella se guardaron objetos representativos de esta centuria, saludos de los participantes, un ejemplar del periódico Buena Nueva de octubre de 2025, y una lista completa de los sinodales por decanato, las Orientaciones Pastorales 2023-2026. Este gesto proyecta la esperanza de una Iglesia que no solo honra su pasado, sino que se atreve a soñar con el futuro.
Sembrar con fe, cosechar con alegría
El Centenario de la Diócesis de Linares no ha sido solo un aniversario, sino una proclamación de fe, una celebración llena de gratitud y una mirada decidida hacia el porvenir. La XLV Asamblea Sinodal ha sido signo de una Iglesia viva, que quiere seguir sembrando con generosidad, caminando juntos como Pueblo de Dios.
Con los ojos puestos en Cristo y en comunión con quienes nos antecedieron, la Iglesia de Linares renueva su compromiso de ser luz, sal y fermento del Reino en el corazón del Maule Sur, para continuar con nuevos bríos “Sembrando las Semillas del Reino en tierras maulinas”.
Homilía del Centenario
Hoy estamos celebrando los 100 años del día en que el papa Pío XI, Aquiles Rati, ponía la firma en la Bula de la creación de la diócesis de Linares, junto a otras 6 diócesis vecinas y hermanas.
Un siglo de vida, que en la perspectiva de la historia de la Iglesia fundada por el Señor en el calvario y en Pentecostés hace 2000 mil años, solo representa un 5 % del tiempo de esta larga y maravillosa historia del Dios que camina con nosotros en medio de las alegrías y esperanzas, los dolores y sufrimientos de nuestra existencia terrenal.
Esta celebración del Centenario que comenzó tímidamente hace 3 años con la primera comisión y las primeras ideas de lo que podríamos hacer para celebrar el Centenario.
Bien sabemos que hemos vuelto la mirada y el corazón hacia nuestra historia compartida para dar gracias a Dios por lo que Él ha hecho entre nosotros y con nosotros. No es posible en este momento recoger tantas obras realizadas con su ayuda divina durante el siglo transcurrido, pero si al menos señalar a las personas que han hecho posible esta historia centenaria. Por ello hemos puesto en valor a tantos laicos y laicas que trabajaron heroicamente por su Iglesia, los presbíteros y diáconos que dieron su vida aquí entre nosotros sirviendo a la diócesis hasta su muerte, cuyos nombres están en la lápida de la capilla lateral, hemos recordado a los pastores que descansan en la Cripta de la Catedral, a la vida religiosa y consagrada con sus 12 colegios y las obras de misericordia, entre otros.
Junto a la memoria agradecida, que debe continuar en cada capilla y parroquia de la diócesis, hemos vivido este año jubilar y año santo también muchos momentos muy significativos y hermosos, particularmente la peregrinación a la Catedral de los 5 decanatos y múltiples obras del centenario. Señalo algunos ejemplos, entre tantos. El comienzo de la construcción del templo parroquial de Santos Chilenos y la hospedería San Ambrosio, continuando la del Hogar de Cristo en Linares.
Especial mención hago del homenaje brindado por la Cámara de Senadores y de Diputadas y Diputados en miércoles recién pasado en el Salón de Honor del Congreso, acto cívico y republicano de la mayor trascendencia institucional. Y finalmente, la hermosa obra sobre la Catedral escrita con el corazón y la fidelidad a los datos, por el Padre Silvio Jara y el profesor Carlos Castro. Pero, reitero, estos son solo algunos ejemplos de tantas obras y celebraciones realizadas en todos los rincones de la diócesis por el Centenario.
Y para el futuro próximo nos queda el desafío de la Misión. Para eso existimos, para eso el Señor fundó la iglesia, para anunciar con obras y palabras el Reino de Dios en medio nuestro, para anunciar que solo en Cristo Jesús hay una esperanza que no defrauda, para ser islas de misericordia en medio de un mundo frío e indiferente, que levanta muros en vez de puentes de fraternidad entre los hombres.
Pero quisiera destacar algunas breves reflexiones personales de lo que me ha dejado a mí esta celebración del centenario.
En primer lugar estimo que en este tiempo hemos tomado mayor conciencia de nuestra identidad como iglesia diocesana, como Pueblo de Dios que camina juntos en el Maule sur, como peregrinos de esperanza. Más allá de la vida cotidiana de la capilla, de la parroquia, del colegio, de la obra social, hemos tomado mayor conciencia de pertenecer a una obra mayor, a una historia mayor, la que conduce el Espíritu Santo. La Iglesia es siempre más que mi pequeña comunidad. La Iglesia es la obra de Dios en el tiempo y en la historia.
Y en ese sentido, el centenario nos ha permitido reforzar nuestra identidad como Pueblo de Dios convocado por la fe en el Señor resucitado. La clave de la vida de la Iglesia, en todos los niveles, es la fe compartida. Es por la fe que se han construido los templos, con tantos sacrificios, es por la fe que acogemos y tratamos de servir a los más desamparados, es por la fe que hoy estamos reunidos aquí en esta Catedral, levantada por la fe de un pueblo.
Nuestras carencias materiales, nuestra pobreza, es un termómetro de que la obra es del Señor. Él es el que construye la casa, no nosotros. Él nos llama a servir al pobre, no nuestra compasión natural, porque el pobre es Cristo. Por eso la iglesia no es una ONG, es la acción del Espíritu en el mundo.
Una fe que se traduce en las obras del amor, por la esperanza derramada en nuestros corazones.
Esta Santa Misa del Centenario nos invita a levantar nuestras manos y nuestro corazón hacia lo alto, para dar gloria a la Santísima Trinidad.
Al Padre creador que nos ha regalado esta copia feliz del Edén para cuidarla, al Hijo que nació de María, que se hizo nuestro hermano para enseñarnos a tratarnos como hermanos, al Espíritu Santo que da vida y nos regala los carismas del servicio y de la fe, esperanza y caridad.
El texto inspirador del Sembrador nos ha recordado que la semilla sembrada en este siglo es una semilla de vida divina pero frágil, que la pisa el caminante, se la come las aves, se seca, la ahogan las malezas, y aparentemente está destinada a perecer. Pero en Cristo tenemos la certeza que esta humilde semilla crece de día y de noche, que esta semilla es eficaz, que tiene el poder de trasformar nuestras vidas, y que está asegurada una cosecha abundante del ciento por uno, más allá de nuestra fragilidad. Esta es nuestra esperanza que nos llena el corazón de alegría y nos anima a seguir sembrando las semillas del reino en estas tierras del Maule.
Así, desde la purificación de la memoria a la aventura de evangelizar en estos nuevos tiempos digitales, virtuales, de inseguridad, temores, aislamiento y soledades, pero con la certeza de la Palabra de Dios, “no teman, Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo”.
Que la intercesión de la Virgen María y San Ambrosio, nos acompañen hoy y siempre en este peregrinar alegre y esperanzado hacia la Casa del Padre.












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