Al comenzar este nuevo año escolar, me es muy grato saludarles muy cordialmente y hacerme presente a cada uno de ustedes a través de estas breves líneas.
Sabemos de los enormes desafíos que la educación nos depara en estos tiempos.
Un desafío de todos.
Nadie es un actor pasivo de este proceso educativo sino que todos estamos llamados a desarrollar activamente los talentos que Dios nos regala con tanta generosidad.
Los maestros se comprometen a entregar lo mejor de su vocación de educadores, dando su vida y testimonio en cada clase y en cada momento, con mucho amor, dedicación y profesionalismo en el servicio de sus alumnos.
Los padres de familia y apoderados, los primeros responsables de la educación integral de sus hijos e hijas, están llamados a participar en el camino de crecimiento y de formación de los niños y jóvenes con responsabilidad, compromiso y dedicación. A ustedes se les pide una cercanía y dedicación a esta tarea educativa que brota de su vocación de padres y madres, vocación que les regala Dios mismo.
Los asistentes de la educación, quienes cumplen una tarea insustituible en el establecimiento, con su trabajo bien hecho y compromiso, apoyan día a día, desde el amanecer hasta el anochecer, el servicio educativo del Colegio.
Y finalmente los estudiantes, quienes con su enorme capacidad de aprender, de sorprenderse, de preguntarse acerca de las cosas que los rodean, acerca del misterio de la vida y acerca de Dios mismo, son los primeros actores para alcanzar una educación de calidad, basada en valores trascendentes y permanente, tales como la verdad, la justicia, la libertad y el amor, educación que les prepara para ser personas integras, responsables y comprometidas con su patria y con Dios.
Por otra parte, el Papa Benedicto XVI nos ha invitado a que este sea un Año de la fe, de manera que todos los bautizados podamos redescubrir, desde el corazón y la mente, el tesoro escondido que es la fe en Cristo Jesús, el Hijo de Dios nacido de María.
Redescubriendo la alegría de la Fe.
La Iglesia nos invita a redescubrir la alegría de la fe, de una fe que actúa por el amor, que se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre, que nos lleva a comprometernos a construir un mundo mejor y más fraterno.
De una fe qué no es una teoría sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia, a redescubrir la fe en Jesucristo muerto y resucitado, quien es la medida de toda acción humana y en quien se encuentra el cumplimiento de todo afán y de todo anhelo del corazón humano.
Si la educación es la tarea de aprender a vivir bien, entonces es en Cristo donde aprendemos este modo nuevo de vivir. En Él encontramos la verdadera sabiduría que todo hombre y mujer anhela para su vida plena.
Particularmente el Papa nos pide que durante este Año de la Fe intensifiquemos el estudio del Compendio del Catecismo de la Iglesia y de la lectura habitual de la Palabra de Dios.
Que el Señor les bendiga a cada uno de ustedes y nos regale el gozo de sentirnos profundamente amados por Él, y que su gracia divina nos sostenga el cumplimiento fiel de nuestros deberes diarios para que nuestras vidas sean un canto de alabanza a este Dios que es Amor y de servicio al prójimo, especialmente de los más pobres.
Les bendice con cariño y les desea un muy buen año escolar,
+Tomislav Koljatic Maroevic
Obispo de Linares
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