Una vez más, y lamentablemente, nuestros campos del secano son arrasados por el fuego. Decimos que no es la primera vez, porque todos los veranos los cerros son asediados por los incendios, generando grandes catástrofes, tanto a nivel productivo como social.
Luego de visitar las localidades más afectadas en el sector de Nirivilo y sus comunidades, constatando en terreno el daño que el fuego ha provocado, quisimos conocer la impresión del Equipo Técnico Profesional de Fundación DAR, del Obispado de Linares, quienes por más de 30 años han atendido a los campesinos del sector y conocen muy bien a las familias y la dinámica de trabajo en el secano costero. Este equipo lo componen Christian Parada, Ingeniero Forestal a cargo de Fundación DAR, junto a Hugo Villalobos, Eleasar Hidalgo, ambos técnicos agrícolas y Mauricio Guerrero, psicólogo, quienes concuerdan que:
Lo productivo a nivel macro está asegurado, ya que cuenta con recursos que permiten repoblar los cerros con plantaciones de pinos, por lo que la macroeconomía no sufre, así como tampoco las inversiones de los grandes consorcios económicos.
Sin embargo, el aspecto social y humano va quedando a expensas de las circunstancias existenciales, ya que los habitantes rurales que se encuentran en esos sectores pierden todo y deben ocupar sus propios recursos para recomenzar su vida, esto a pesar de que después del incendio no cuenten ni siquiera con agua para beber.
Después de esta catástrofe, ¿qué es lo más preocupante?
Lo más preocupante no son las consecuencias de los incendios, por muy lamentables que sean; y en esto no entra el horror de una muerte. Aunque demoren una vida completa, los campesinos se rearmarán porque deben seguir viviendo, pagando impuestos, colegiaturas de sus hijos, las cuotas de las juntas de vecinos, y alimentando a sus animales. Lo más preocupante es que, antes de que existan los incendios, ya se sabe que vendrán. Lo saben los campesinos, pero también lo saben las empresas forestales.
El problema sigue siendo ético: Durante el año anterior fueron los mismos campesinos que hoy sufren las consecuencias del desastre, quienes manifestaron la gran preocupación por los incendios, y planteaban la necesidad de poder trabajar en conjunto con las empresas forestales para disminuir riesgos en sus comunidades. Pero, quien escucha estos reclamos y apreciaciones. No lo hacen las autoridades, y las empresas forestales al parecer no saben cómo hablar con las comunidades.
¿Cómo ven la situación puntual de estas comunidades campesinas?
Las voces del mundo campesino parecen silenciosas, invisibles frente a las problemáticas que ellos padecen, cuando hay una catástrofe aparecen en las noticias, y luego de eso, e incluso antes, nada, ni siquiera un reportaje folclórico sobre su patrimonio cultural, menos aun su patrimonio espiritual.
El secano es una realidad muy particular
En el secano interior, lamentablemente, se plantan pinos y se cosechan tristezas, poca y casi nada de preocupación existe de parte de las empresas, e incluso las autoridades, por el devenir de sus vecinos y votantes. No solo se juega con la pobreza y la inseguridad alimentaria e hídrica, sino también con la dignidad de sus pobladores al no ser escuchados. Hacer oídos sordos a lo que dicen quienes sufrirán las consecuencias de los malos manejos forestales, más allá de ser parte de una inconsciencia extrema, es una práctica inhumana.
Cabe señalar que este equipo de Fundación DAR, junto al párroco P. Héctor Alarcón fueron los primero en llegar a las familias más afectadas, llevándoles agua y víveres para enfrentar las primeras horas de esta catástrofe y organizando pronto campañas para ir con apoyo más específico a quienes lo perdieron todo, devolviéndoles con esta presencia un poco de dignidad y esperanza.

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