Acompañado por sus comunidades de Empedrado, Sauzal y Nirivilo, junto a familiares, amigos y hermanos sacerdotes, el P. José Ulloa Oliveros celebró cuatro décadas de ministerio sacerdotal. Una Eucaristía de acción de gracias permitió hacer memoria de su vocación, agradecer el camino recorrido y renovar el compromiso de seguir sirviendo al Pueblo de Dios.
Con alegría, emoción y profundo sentido de gratitud, el P. José “Pepe” Ulloa Oliveros celebró el domingo 25 de octubre sus 40 años de sacerdocio, acompañado por las comunidades en las que actualmente desarrolla su servicio pastoral: Empedrado, Sauzal y Nirivilo. La celebración reunió a fieles, familiares, amigos y hermanos sacerdotes, en una jornada marcada por el cariño, los recuerdos y el reconocimiento a una vida entregada a Dios y a su Iglesia.
La Eucaristía central contó con la presencia de monseñor Tomislav Koljatic, obispo de Linares, y monseñor Galo Fernández, obispo de Talca, además de compañeros de seminario y sacerdotes del clero diocesano de Linares y de diócesis vecinas. Todos se congregaron para dar gracias por estas cuatro décadas de ministerio y por el testimonio de un sacerdote que ha procurado hacer de la cercanía, la fraternidad y la misión los rasgos distintivos de su servicio.
Una vocación que nació en la sencillez
En su reflexión, el P. Pepe invitó a los presentes a recorrer su historia personal, desde los recuerdos de su infancia hasta los primeros signos de una inquietud vocacional que comenzó a tomar forma durante sus años de estudio en el Colegio San Miguel, el Instituto Linares y el testimonio de los padres y hermanos Marianistas.
Con emoción, recordó el apoyo de su familia y de sus amigos, reconociendo que su historia no estuvo marcada por grandes influencias ni por una situación económica privilegiada. Fue, más bien, la historia de un niño pequeño, humilde, alegre y travieso, en cuya vida Dios sembró el llamado al sacerdocio.
Una vocación que fue creciendo y encontrando su camino hasta conducirlo a la ordenación sacerdotal, recibida hace 40 años de manos de monseñor Carlos Camus Larenas, entonces obispo de Linares. Al evocarlo, el P. Pepe volvió sobre los comienzos de una entrega que, con el paso del tiempo, se ha convertido en una historia de servicio, encuentros y compromiso con las comunidades.
Su testimonio recordó que el llamado de Dios no depende de la posición social ni de los recursos materiales, sino de la disponibilidad del corazón para escuchar, responder y ponerse al servicio de los demás.
Un pastor que construye puentes
Uno de los aspectos destacados durante la celebración fue la capacidad del P. Pepe para generar encuentro y fortalecer la fraternidad sacerdotal.
Monseñor Galo Fernández, obispo de Talca y compañero suyo en los años de seminario, valoró especialmente su cercanía y su disposición permanente a construir puentes, favorecer el diálogo y cultivar la amistad. Destacó en él una actitud conciliadora, capaz de promover la fraternidad sin levantar barreras ni alimentar divisiones, contribuyendo así a la unidad y a la armonía entre los sacerdotes.
Por su parte, monseñor Tomislav Koljatic, obispo de Linares, destacó su personalidad, su amistad y, especialmente, su disponibilidad para asumir nuevos desafíos pastorales. Valoró su capacidad para escuchar, acompañar y responder con generosidad a las necesidades de la Iglesia, adaptándose a los cambios y poniéndose al servicio de su pueblo y de sus hermanos sacerdotes.
Estas palabras encontraron eco en los testimonios de sus compañeros de ministerio, quienes reconocieron en el P. Pepe a un sacerdote cercano y acogedor, en cuya persona han encontrado amistad, escucha y fraternidad.
Cuarenta años caminando con las comunidades
A lo largo de su ministerio, el P. José Ulloa ha servido en 12 de las 33 parroquias que conforman la Diócesis de Linares. En cada una de ellas ha ido dejando una huella propia, marcada por el espíritu misionero, la solidaridad y la cercanía con las personas, especialmente con quienes buscan en la Iglesia una palabra de esperanza, compañía y orientación.
Su trayectoria refleja la riqueza de una vocación que se despliega en distintos territorios y realidades, donde el sacerdote está llamado a conocer a su gente, compartir sus alegrías y dificultades y acompañar la vida de fe de cada comunidad.
Hoy, desde Empedrado, Sauzal y Nirivilo, continúa desarrollando esa misión, cercano a las tradiciones y necesidades de sus comunidades, haciendo de la vida cotidiana un espacio para anunciar el Evangelio y fortalecer la vida cristiana.
Una acción de gracias que abre nuevos caminos
La celebración concluyó con un almuerzo de camaradería, instancia en la que continuaron los saludos, las anécdotas y los testimonios de cariño y gratitud. Fue también una oportunidad para reconocer no solo al sacerdote, sino a la persona, al amigo y al hermano que ha sabido cultivar vínculos de afecto y respeto a lo largo de su camino.
Cuarenta años de sacerdocio constituyen una historia que merece ser agradecida. Sin embargo, esta celebración no representa únicamente una mirada hacia el pasado: es, ante todo, una acción de gracias al Señor por el llamado recibido, por la fuerza para perseverar y por las personas que han acompañado esta misión.
El camino recorrido es amplio, pero la vocación permanece viva. Para el P. Pepe, estos 40 años son también un nuevo paso en la ruta del servicio, con desafíos que seguirán invitándolo a escuchar, acompañar y anunciar a Cristo allí donde la Iglesia lo necesite.
Porque el sacerdocio, vivido desde la sencillez y la entrega, no se mide solamente por los años transcurridos, sino por la vida compartida, las comunidades acompañadas y las huellas de fe, amistad y esperanza que permanecen en el corazón de las personas.

Comments are closed