Con  una  ceremonia  marcada  por  reconocimiento y la memoria,  la gratitud y la mirada hacia el futuro,  el  Liceo  Bicentenario  San  Miguel  Arcángel  conmemoró sus  115 años de trayectoria. Autoridades,  estudiantes,  familias,  docentes,  asistentes de la educación y exalumnos 

se  reunieron  para  celebrar  una  historia  profundamente  ligada  a  la  ciudad 

de Linares y a la formación de generaciones de niños, niñas y jóvenes.

 

Hay colegios que forman parte de la historia de una ciudad. El San Miguel Arcángel es uno de ellos. Este 2 de octubre, la comunidad educativa celebró sus 115 años de vida institucional, en una ceremonia que permitió recorrer más de un siglo de educación, fe, esfuerzo y servicio, pero también reconocer que detrás de cada año existen personas, familias y generaciones que han dejado parte de su vida entre sus aulas.

La celebración contó con la presencia del Obispo de Linares, representantes de Carabineros, Ejercito, el Alcalde de Linares, el Delegado Provincial de Linares, el sostenedor del establecimiento, además de directivos, docentes, asistentes de la educación, estudiantes, madres, padres, apoderados y estudiantes.

 

De una escuela parroquial a un Liceo Bicentenario

La historia comenzó en 1911, cuando nació como Escuela Parroquial Arturo Prat. En 1921, tras la creación de la Diócesis de San Ambrosio de Linares, pasó a denominarse Escuela Particular N.º 3 San Miguel Arcángel y se trasladó a su actual sector de calle Colo Colo. Décadas más tarde, en 2005, inició la enseñanza media y pasó a denominarse Colegio San Miguel Arcángel de Linares.

Desde entonces, la institución ha acompañado los cambios de Linares y ha visto pasar por sus aulas a miles de estudiantes que hoy se desempeñan en distintos ámbitos de la sociedad. El aniversario fue, precisamente, una oportunidad para mirar esa trayectoria con gratitud.

 

“115 años se construyen con muchas generaciones”

En su intervención, el sostenedor Rodrigo Barrera realizó un recorrido por la historia del establecimiento y puso especial énfasis en quienes, desde distintas responsabilidades, han contribuido a construirla.

Docentes, asistentes de la educación, familias y estudiantes fueron parte central de sus palabras, junto con quienes ya no están físicamente, pero cuyo trabajo permanece como parte inseparable de la identidad del colegio.

El Sostenedor, recordó que 115 años no se construyen de un día para otro, sino a través del trabajo silencioso y perseverante de muchas generaciones.

También reafirmó el compromiso de la Fundación Educacional San Miguel Arcángel con el presente y futuro de la institución, particularmente en el apoyo a los equipos, la gestión responsable de los recursos, la formación y capacitación de sus funcionarios, el bienestar laboral y la mejora de los espacios educativos.

Pero junto con mirar el pasado, el sostenedor destacó los desafíos que enfrenta actualmente el establecimiento.

Uno de ellos es consolidar el camino iniciado en 2019, cuando el colegio obtuvo la categoría de Liceo Bicentenario, incorporándose a esta red de establecimientos de excelencia. Para Barrera, este reconocimiento constituye un motivo de orgullo, pero también una responsabilidad que debe renovarse cada año.

Excelencia que no olvida su identidad

Ser Liceo Bicentenario, explicó, supone trabajar sobre cinco pilares: altas expectativas; focalización en los aprendizajes; nivelación y recuperación de aprendizajes; revalorización del esfuerzo y la responsabilidad; y liderazgo. Una propuesta que, desde la perspectiva del sostenedor, no se contrapone con la identidad católica del establecimiento.

Por el contrario, el desafío es unir excelencia académica y formación integral, altas expectativas y acompañamiento, exigencia y cariño, disciplina y respeto.

“Liderar para nosotros, un colegio católico, significa también servir al prójimo, al más débil, al más vulnerable”, expresó Barrera, vinculando este compromiso con la Doctrina Social de la Iglesia.

Ese sello formativo tiene también una expresión concreta en la pastoral del establecimiento, que durante este año ha continuado participando activamente en celebraciones de la Iglesia junto a otras comunidades educativas católicas de Linares. 

 

Un colegio que forma parte de la memoria de Linares

Durante la ceremonia, el alcalde de Linares, Mario Meza, compartió un recuerdo personal que dio cuenta del lugar que el San Miguel ocupa en la memoria de la ciudad. Contó que desde niño conoció el colegio debido a la cercanía con su propio establecimiento educacional y destacó que el San Miguel es el quinto colegio más antiguo de la Provincia de Linares. Desde esa experiencia, animó a docentes y estudiantes a llevar con orgullo el espíritu sanmiguelino, reconociendo en él una identidad construida durante generaciones.

Su testimonio se sumó al del Delegado Provincial de Linares, Christian González, quien también mantiene un vínculo personal y familiar con el establecimiento: tanto él como su padre fueron alumnos del San Miguel y, posteriormente, ya como profesional, regresó a sus aulas para desempeñarse como profesor.

Desde esa experiencia, destacó la formación recibida y cómo el colegio contribuyó a forjar valores de buen cristiano, solidaridad y servicio a la comunidad. Dos autoridades, dos historias personales y una misma institución como punto de encuentro.

 

“Esta siempre será su casa”

Uno de los aspectos más emotivos del mensaje del sostenedor estuvo dirigido a los exalumnos.

Porque, aunque cambien las personas, las salas o la infraestructura, señaló, la esencia sanmiguelina persiste.  Permanece en las amistades, en los profesores que se recuerdan, en las experiencias vividas y, especialmente, en los valores que cada generación se lleva consigo.

“Un colegio no termina cuando se cruza por última vez su puerta”, expresó Barrera, destacando que los establecimientos permanecen en la memoria y en la vida de quienes pasaron por ellos.

También hubo palabras de especial gratitud para quienes entregaron parte de su vida al colegio y que hoy ya no están físicamente, pero continúan siendo parte de su historia.

 

La misión de educar y servir

La ceremonia permitió además reconocer el trabajo cotidiano de docentes y asistentes de la educación, cuya labor va mucho más allá de transmitir conocimientos.

Son quienes acompañan procesos, descubren capacidades, orientan, exigen, contienen y muchas veces ayudan a que un estudiante pueda reconocer en sí mismo posibilidades que aún no alcanza a descubrir.

También se destacó el papel de las familias, llamadas a participar activamente en la educación de sus hijos, y la presencia de las comunidades religiosas que colaboran en la formación espiritual y pastoral del establecimiento.

El sostenedor agradeció especialmente a las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará, provenientes de Argentina, y a las Religiosas Oblatas de los Corazones Santísimos de Jesús y María, de Ecuador, por su servicio misionero y pastoral en la comunidad educativa.

 

115 años mirando hacia adelante

Al cumplir 115 años, el Colegio San Miguel Arcángel no se queda solamente en la celebración de su pasado. La comunidad recibió también una invitación a hacerse responsable de los próximos capítulos de esta historia.

“Tenemos que recibir la herencia de estos 115 años y hacerla crecer”, planteó el sostenedor Rodrigo Barrera, dirigiéndose especialmente a los estudiantes y recordándoles que ellos son el presente y el futuro del colegio.

El desafío es continuar formando jóvenes capaces de soñar, perseverar, asumir responsabilidades y poner sus talentos al servicio de los demás.

En esa tarea se encuentran hoy las distintas generaciones que conforman la comunidad Sanmiguelina: quienes enseñan, quienes aprenden, quienes acompañan, quienes alguna vez pasaron por sus aulas y quienes tienen la responsabilidad de conducir la institución hacia nuevos desafíos.

Porque 115 años después de aquella primera Escuela Parroquial Arturo Prat, el San Miguel continúa siendo parte de Linares.

Una institución que ha cambiado con los tiempos, que hoy enfrenta nuevos desafíos como Liceo Bicentenario, pero que busca mantener aquello que considera esencial: educar con excelencia, formar integralmente, cultivar la fe y preparar personas capaces de servir a los demás.

La celebración concluyó reafirmando precisamente ese compromiso y con una expresión que sintetiza el espíritu con que la comunidad quiere continuar escribiendo su historia: “Somos San Miguel Arcángel y caminamos con Cristo hacia la Excelencia”.

 

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