En medio de un paisaje que el propio obispo de Linares, monseñor Tomislav Koljatic, describió como «un espacio bendecido y protegido de la naturaleza», la comunidad de Los Laureles vive días de alegría: la capilla que durante meses fue solo un anhelo está prácticamente terminada, gracias al trabajo de  jóvenes misioneros y al esfuerzo sostenido de las familias del sector.

La obra, construida por jóvenes del proyecto trabajo País , fue bendecida   en la Eucaristíae  presidida por Monseñor Koljatic y concelebrada por el párroco P. Didaktus,ele domingo 13 de septiembre , el obispo no ocultó su emoción al recorrer el lugar. Para el pastor de la Diócesis de Linares, bendecir un templo es siempre «lo más grande que puede pasar», y subrayó que esta capilla nació de una necesidad real de la propia comunidad y no de una idea impuesta desde fuera. Fueron las familias de Los Laureles quienes buscaron a los jóvenes del proyecto para hacer posible la construcción.

Un corazón para la comunidad

El obispo fue enfático en describir lo que representará este espacio para el sector: un lugar de encuentro donde los vecinos podrán reunirse a orar, agradecer, acompañarse e invocar al Señor. En sus palabras, la capilla será «el corazón de este sector», una expresión que resume el sentido más profundo de este tipo de obras: no se trata solo de una construcción física, sino de un espacio que ordena y sostiene la vida comunitaria en torno a la fe.

Monseñor Tomislav destacó también el valor de la juventud que hizo posible este proyecto. Se refirió a ellos como un regalo, jóvenes que dejan de lado sus propias comodidades por una semana para acompañar a comunidades que no conocían, dando testimonio de una fe vivida con alegría. El obispo fue claro en señalar que la verdadera misión de estos jóvenes no termina al volver a sus casas, sino que continúa cada día, en sus lugares de estudio, trabajo y familia, como testigos de Cristo.

El testimonio de quienes construyeron

El grupo de jóvenes misioneros, compartieron la emoción de haber podido regresar a terminar lo que en un primer momento pareció una tarea inconclusa. Coincidieron en que el buen clima de estos días permitió avanzar con rapidez en la construcción, y remarcaron que cerrar esta etapa junto a toda la comunidad —coincidiendo con las celebraciones del 18 de septiembre— fue un regalo que corona meses de incertidumbre y trabajo.

Los jóvenes también agradecieron el cariño recibido de parte de los vecinos y expresaron su deseo de que esta experiencia inspire a otras personas a involucrarse en sus propias parroquias y comunidades, sumándose a proyectos similares que impulsen espacios de encuentro y crecimiento espiritual.

La comunidad que se hizo familia

Desde la comunidad, la señora Carmen,  describió el proceso como un camino que no estuvo exento de dificultades. Con emoción, relató que este ha sido «un parto muy difícil», en el que día a día surgían nuevos desafíos, pero que la fe y la perseverancia de las familias permitieron sacar adelante la obra. Para ella, este proceso ha tenido un efecto que va más allá de la construcción misma: ha logrado unir a los vecinos del sector, sembrando las bases de lo que espera se convierta, con el tiempo, en una gran familia comunitaria.

La inauguración oficial de la capilla se realizará después del 8 de diciembre, una vez concluido el Mes de María,  se espera que esta celebración se realice junto a todas las comunidades de la parroquia.

Un signo de esperanza

Cada capilla que se levanta en los sectores rurales de la Diócesis de Linares no es solo una construcción: es un signo visible de que la comunidad crece, se organiza y encuentra en la fe un motivo para permanecer unida en el tiempo, como bien lo expresó la propia señora Carmen al recordar que esta comunidad tiene «una tarea pendiente» que recién comienza.

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