Ayer por la tarde presidía la misa de la cena del Señor en el monasterio en tiempo de pandemia, cerradas las puertas con un aforo superior al permitido, las hermanas son seis y conmigo éramos 7, confiados en que la autoridad tendría criterio pues las hermanas viven allí todo el día y todos los días orando por nosotros que andamos por el mundo en nuestros asuntos incluso muchas veces sin más necesidad que la de salir del encierro.

Hoy he vuelto a celebrar la liturgia de las tres, las tres de la tarde hora tradicionalmente entendida en que murió Jesús en la cruz. Mañana, Dios mediante volveré para presidir la Vigilia Pascual, la madre de todas las liturgias.

El domingo será distinto, celebraré la eucaristía de la resurrección en la capilla San Francisco Javier por la mañana. Cuando vuelva los niños andarán buscando los nidos de los huevitos de pascua, tradición que celebra la vida, el huevo es símbolo de la vida, los conejos tienen famas de pariciones abundantes, por eso también se les considera símbolos de la vida, la ilusión alegra la vida de nosotros los viejos devolviéndole su sentido. Los niños hablan de pandemia y de corona virus sin el temor con que los mayores hablamos de ellas.

Llegó a mí un discurso del presidente de Uganda del que extraigo lo que para mí lo resume:   «En una situación de guerra, nadie le pide a nadie que se quede en casa. Usted se queda en casa por elección. De hecho, si tienes un sótano, te escondes allí, mientras persistan las hostilidades.” … “Durante una guerra, no insistes en tu libertad; voluntariamente la abandonas a cambio de sobrevivir. Durante una guerra, estás agradecido con Dios, por ver otro día en la tierra de los vivos.”

“Bueno el Mundo entero se encuentra actualmente en un estado de guerra. Hay gente que aún no lo entiende” … “Una guerra sin armas y balas. Una guerra sin soldados humanos. Una guerra sin fronteras.”  Concluyendo así: Este no es un momento para llorar por el pan y la mantequilla como niños mimados. Obedezcamos y sigamos las instrucciones de las autoridades. Aplanemos la curva COVID-19.

Ejercitemos la paciencia. Seamos los guardianes de nuestros hermanos. En poco tiempo, recuperaremos nuestra libertad, nuestras empresas y nuestra socialización «.

El lunes in albis, el lunes de resurrección, volveremos a lo mismo, pasaron las fiestas sin ruido, volverán las clases y trabajos “on line”, los permisos, las filas, … y todo volverá a ser más de lo mismo.

MARÍA, sí con mayúscula, es la mamá de Jesús, el resucitado, estaba feliz con los apóstoles en torno a Jesús escuchando las experiencias que contaban cada uno de los discípulos, sin olvidar nada de lo acontecidos antes … pero gustando, saboreando el momento. En su corazón quizá recordando a José e imaginando como estaría él rebozando de gozo en su hijo y Señor y compartiéndolo en la corte celestial.

A eso quiero invitarles, a compartir sus experiencias de resucitados por el amor de Jesús, inviten a José de Nazareth a sus casas para que les cuente como celebran el lunes in albis allá en el cielo, para que cuando se encuentren en ese último lunes, con él lo puedan celebrar sin ninguna restricción.

Bendiciones. ¡Alabado sea Jesucristo!

En medio de la EMERGENCIA, practicamos la urgencia del servicio y la urgencia del amor por los demás. «

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