El 08 de diciembre del 2020 el papa Francisco dio inicio a un año dedicado a la figura de San José, el que terminará este 08 de diciembre del año en curso. No cabe duda de que la figura de san José, aunque los evangelios digan poco de él, es relevante en la historia de la Iglesia.
Por lo pronto, podremos descubrir que en la historia eclesial su intercesión ha sido invocada en momentos de crisis o en momentos de grandes desafíos.
En la actual semana santa, marcada nuevamente por la pandemia del Covid 19, pensamos que la figura de San José nos podría ayudar a llegar al fondo de lo que celebramos y nos puede iluminar también en la vivencia de nuestro ser eclesial.
Los evangelios destacan en San José la contemplación, la sencillez y humildad con la que asume su existencia y vocación, una espiritualidad particular, entre otras cosas. Veamos cómo estas notas de la vida de San José nos pueden animar en estos tiempos tan complejos:
1.- La contemplación: Los evangelios nos muestran a San José como aquel que está atento a la intervención de Dios en su vida. Los busca y lo escucha con libertad y prontitud (Mateo 1, 18-25). En este sentido nos parece que, como comunidad eclesial, sin lugar a duda, hemos de encarnar esta nota esencial de nuestra vida cristiana: buscar y escuchar al Señor que nos habla y nos desafía en nuestra historia particular. Tal vez, en estos días santos, podemos rezar con una memoria gradecida por tantos hermanos que han puesto lo mejor de sí para acompañar, consolar y cuidar a los otros en esta pandemia, y del mismo modo pedir la intercesión del patrono de la Iglesia universal por los que padecen alguna enfermedad, en especial por los enfermos de Covid. La actitud contemplativa de la vida que encarnó San José nos ayude a discernir los llamados del Señor en esta situación particular de pandemia.
2.- Sencillez y humildad: En relación con nuestra manera de ser iglesia hoy, nos parece que San José nos impulsa, en esta pandemia, a encarnar su sencillez y humildad, toda vez que, ante la imposibilidad de manifestar externamente nuestra fe, de celebrar esta semana santa con masivas celebraciones, experimentamos el llamado a celebrarla con la mirada puesta en la Iglesia doméstica, llevando al corazón de nuestras familias la riqueza del mensaje. Este modo de ser iglesia nos recuerda por un lado la experiencia de las primeras comunidades cristianas (Hechos 2, 42-47) y, por otro, la necesidad de que la fe en el Señor muerto y resucitado, su experiencia y anuncio, se convierta en luz en esta situación de dolor, nos sostenga en la búsqueda de sentido, regale compañía en la soledad; aquella compañía y esperanza cristiana tan necesarias en la enfermedad y en la muerte, en la experiencia universal de fragilidad. Hoy vivimos y celebramos nuestra fe, haciéndonos parte en nuestro ser y misión, de la sencillez, de la humildad y del sentido de vida esencialmente propios del Evangelio.
3.- Espiritualidad particular: La experiencia espiritual de San José, la hemos denominado en algunos ambientes como “la espiritualidad de Nazareth”, dando sentido y orientación al quehacer cotidiano de cada una de nuestras actividades. En la situación actual de pandemia, nos parece que esta espiritualidad y presencia eclesial, más silenciosa y escondida, nos hace redescubrir de un modo nuevo y creativo, nuestro seguimiento a Jesús, nuestra misión, nuestra formación y nuestra celebración cristiana. Desde Nazareth, desde esta espiritualidad de lo cotidiano, se nos abre una inmensa posibilidad, un campo rico de acción y de presencia más profundo, más empático, más cercano, más escondido o sencillo.
Preguntémonos, recemos ¿cómo podremos vivir esta semana santa a la luz del modelo de San José, patrono de la Iglesia universal? ¿Cómo podremos dar sentido, a partir de nuestra fe, a la realidad que hoy estamos viviendo y que nos desafía enormemente?

P. Juan Sebastián Pérez Núñez

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