Hoy recordamos a Mons. Carlos Camus Larenas, quien guio la Diócesis de Linares desde abril de 1977 a marzo del 2003, fecha en la que por su edad se acogió a retiro continuando en la Diócesis hasta su muerte el 16 de marzo de 2014. Su imagen y su obra, destaca especialmente en la defensa férrea de los Derechos Humanos, su opción por los pobres y campesinos, es que hoy al celebrarse una nueva pascua, quisimos recordar su legado compartiendo algunos testimonios, que de forma sencilla y muy sentidas grafican su paso por las tierras del Maule Sur.

De don Carlos Camus, recuerdo muchas cosas, porque de alguna forma, él siempre estuvo presente en el imaginario religioso y social del Linares de mi infancia y de mi juventud. Para no redundar en las cosas obvias que se pueden decir de don Carlos, quien fuera fundamentalmente un pastor comprometido con la realidad social y religiosa de su tiempo, quisiera mencionar simplemente una historia que leí de él en una hojita del Domingo hace varios años. En ella contaba que estando ya en el segundo año de seminario, investido de su sotana, sentía que le costaba mostrarse en público con ella. Un día fue a su casa y frente a ella estaban unos niños jugando. Cuando lo vieron pasar se quedaron mirándolo fijamente, y unos pasos más adelante escuchó a uno de los niños que dijo al otro: “¡es encachao ser de Dios!”. Esa frase le hizo entender lo hermoso de su vocación y del signo de su pertenencia a Dios. Algunos años más tarde, tuve la oportunidad de preguntarle por esa anécdota, y me contó que la había publicado en el seminario y que generó el comentario de sus compañeros. Un recuerdo agradecido por el paso de Don Carlos Camus por esta tierra de Linares.
Edgardo Gutiérrez V.
Parroquia María Peregrina de Linares.

De don Carlos, puedo decir que, fue un hombre enérgico y muy jovial, lo conocí cuando pequeño, en la Catedral, le hicimos una entrevista para una tarea de Religión, yo cursaba 5º básico. Éramos compañeros que tenias que hablar con algún cura sobre el amor de Dios y nosotros fuimos al centro esperando encontrar al cura de la Catedral y llegado a la esquina frente a la plaza. Lo vemos vestido de negro y le gritamos «curita… padre». Le pedimos unos minutos de su tiempo, nos presentamos, él también se presentó y nos dijo que era el Obispo, nos explicó que era ser obispo por si no sabíamos y le preguntamos qué era el amor de Dios, “ahí, nos dijo que Dios era nuestro Padre y que siempre nos cuidaba sin importar lo que hiciéramos, que Dios nos amaba por sobre todas las cosas, si nos portábamos bien o mal, nos amaba, que nos acercaremos a Él si hacíamos algo malo y le pudiéramos perdón”, luego nos bendijo a cada uno se despidió porque recordó que iba apurado y se fue sonriendo.
Luego lo volví a encontrar en la Pastoral Juvenil, me gustaba verlo con los jóvenes, parecía que era uno más de nosotros. Siempre cercano, atento y cariñoso, junto a él hacíamos oración, se tenía que sentar en el suelo y después nos decía “ya ayúdenme a pararme, que ya no estoy tan joven”. Fue un hombre, que de muchas maneras nos dejó algo, una palabra de aliento, un consejo, una risa en algún momento de dolor, nadie le era indiferente, fue un hombre que marcó muchas vidas a través de sus años de Pastor.
Rodrigo Yáñez

Conocí a Don Carlos en el año 1987 una vez que ya estaba trabajando en el depto. de La Familia. Todos los meses teníamos reunión con los coordinadores de Los distintos Movimientos de la Iglesia junto a él. Recuerdo que al finalizar una reunión le dije a Don Carlos que cuando fue lo del septiembre del 73, yo saltaba de alegría ya que todos los días debía de correr con mi hijo en las calles de Santiago para que no nos llegara una pedrada o una bomba lacrimógena. Era una situación desesperante ya que yo trabajaba frente a la moneda. Don Carlos me miro y me dijo: Entiendo tu sentimiento, pero mientras tu saltabas de alegría yo trataba de consolar a una lavandera a quien le habían asesinado a su hijo. Debo reconocer que esas palabras me clavaron profundamente y fue el inicio del cambio que hubo en mí percepción de mi propio entorno.
Tengo muchas anécdotas con él. pasado el tiempo, una vez que tuve el negocio de Papas King, yo sabía que había juego importante de futbol y que él lo vería, entonces le enviaba “pollo asado con papas fritas” y lo agradecía con cariño, pues lo disfrutaba tanto como el partido. Lucerito Rojas. Miami EEUU

A Don Carlos lo recuerdo como un hombre lleno de paz, fe y una fuerza interior grande, de una mansedumbre admirable, tuve la suerte de compartir mucho con él siempre me manifestó un cariño de padre, sencillo, cariñoso, me llamaba piurera y siempre me animaba a ser feliz en mi vida religiosa. A la gente hay que hablarle con sencillez y las misiones, me decía, deben lavarle el rostro a la Iglesia, anda a esa comunidad simple, cercana y haz lo que puedas. Me hablaba de lo sencillo de la vida y se gozaba de los detalles con tanta alegría que te daban ganas de volver a conversar con él. Cuando recibía noticias negativas de que algo andaba mal en una comunidad se entristecía, se arrodillaba y pedía perdón al Señor por él y por quien había faltado. Me llamó la atención eso, siempre que había algo negativo en Chile cruzaba la calle y nos contaba y nos pedía oración, todo un Obispo nos pedía que rezáramos, a nosotras que éramos unas chiquillas que recién estábamos aprendiendo a conocer a Jesús.
Hna. Flérida Espinoza. Religiosa Nuestra Sra. de la Consolación.

Haber conocido a Don Carlos y compartir tan cercanamente con él, trabajando en la acción social rural y Pastoral (DAR y MAHUIDA) que el impulso la diócesis.
Para mí fue una gran bendición y marcó mi vida de una forma muy hermosa que reforzó mi fe y mis principios. Fue el Pastor que los cristianos necesitamos y profeta valiente para denunciar y anunciar el Evangelio con transparencia, humildad y dando testimonio. Era el pastor amigo, cercano, sencillo, preocupado, que sabía escuchar y aconsejar, uno conversaba con plena confianza en él. sólo agradecer el privilegio de haber caminado junto a Él. Donatila Ríos Becerra.

Yo no conocí mucho en persona a don Carlos Camus, lo vi cuando ya estaba en el último año como Obispo de Linares, él se veía una persona cercana, amable y muy sencillo. De muchas personas escuché que era un hombre cercano y sencillo y que fue muy comprometido en la defensa de los derechos humanos, que él se la jugó en tiempos de la dictadura militar, fue la voz de quienes no tenían voz. Doy certeza que es un hombre muy querido por el pueblo y la Iglesia en Linares, eso lo puedes constatar cuando te encuentras con personas que lo recuerdan con tanto cariño, anécdotas e historias que lo hacen un buen Pastor.
Sor Nelly Sandoval.

Conocí a don Carlos Camus celebrando la Confirmación en la capilla de Piguchén el año 2000. Y quedé gratamente sorprendido de su cercanía y su sencillez. En él uno no encontraba a un «monseñor», sino a un Pastor con olor a ovejas. Fue capaz de hacer suyos los sufrimientos y dolores del pueblo a él encomendado, y sobre todo vivir la vocación profética, siendo capaz de denunciar todo aquello que se opone a la dignidad de ser humano y al plan salvífico de Dios. El primer libro que leí sobre la vocación fue uno escrito por don Carlos, en un lenguaje tan sencillo y a la vez profundo, que te llevaba a plantearte seriamente la pregunta vocacional.
Fray Ronald Damián Villalobos.

En un 16 de marzo, pero hace 7 años nuestra diócesis de Linares y en muchos lugares de Chile llorábamos la muerte del Pastor cercano al pueblo, cariñoso y de una fe y humildad inigualable. Son tantos recuerdos, encuentros, jornadas, retiros espirituales y aniversarios del Periódico Buena Nueva, tiempo en que pasamos junto al Pastor, disfrutando la alegría y el humor que lo caracterizaba, incisivo e inteligente. Ha pasado el tiempo, pero su recuerdo sigue con nosotros los corresponsales del Periódico y seguirá vivo, siempre en mi corazón. Don Carlos, misionero por excelencia, bondadoso y espontáneo, cercano y afable, gracias a Dios por el Don de su vida y su paso entre nosotros conociendo, compartiendo y guiado nuestro camino de fe y hermanos. Feliz Pascua querido Pastor.
Elisa Morales, Coordinadora Red de Corresponsales, Parral.

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