Con la participación de 419 personas, entre ellas 352 sinodales, la Iglesia de Linares concluyó dos jornadas de encuentro, oración y discernimiento comunitario. La asamblea, marcada por el lema “Con la Virgen del Carmen, nosotros somos testigos”, reafirmó la continuidad de un camino sinodal que se ha mantenido durante 46 años al servicio de la comunión y la misión evangelizadora.
La Diócesis de Linares concluyó el sábado 17 de octubre su XLVI Asamblea Sinodal, un encuentro que reunió a representantes de las distintas comunidades para compartir la vida diocesana, reconocer el camino recorrido y renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, en el marco del Año de la Misión General.
En total, participaron 419 personas, de las cuales 352 eran sinodales. A ellas se sumaron quienes integraron los equipos de servicio y apoyo, fundamentales para el desarrollo de las jornadas.
Bajo el lema “Con la Virgen del Carmen, nosotros somos testigos”, la asamblea se vivió como una nueva oportunidad para encontrarse como Iglesia, fortalecer los vínculos comunitarios y discernir, a la luz de la fe, los desafíos que hoy enfrenta la evangelización en las comunidades urbanas y rurales del Maule Sur.
Cuarenta y seis años de camino sinodal
La realización de esta asamblea da continuidad a una experiencia eclesial que forma parte de la historia de la Diócesis de Linares: el Sínodo Permanente, sostenido durante más de cuatro décadas como espacio de encuentro, participación y discernimiento comunitario.
A lo largo de estos años, el camino sinodal ha convocado a laicos, consagrados, diáconos y sacerdotes, promoviendo la corresponsabilidad de los bautizados en la vida y misión de la Iglesia diocesana. La celebración de esta cuadragésima sexta asamblea constituye, así, una expresión concreta de una Iglesia que busca caminar unida, escuchar la realidad de sus comunidades y responder a los desafíos de cada tiempo.
La oración y la celebración de la fe acompañaron este proceso. La Liturgia Penitencial y la oración de la mañana ayudaron a disponer el corazón para el encuentro con el Señor, poniendo la vida diocesana bajo la protección de la Virgen del Carmen.
La invocación mariana y el canto “Somos un pueblo que camina”, entonado durante décadas en estas convocatorias, dieron cuenta de una historia compartida que continúa renovándose en cada asamblea.
Una gala artística para celebrar el encuentro
El viernes 16 de octubre, después de la Liturgia Penitencial y la oración compartida, la jornada concluyó con una Gran Gala Artística a cargo del Coro de la Universidad Católica del Maule, que ofreció un espacio de encuentro entre la música, la cultura y la vida de la comunidad.
Esta agrupación la conforman estudiantes, académicos y funcionarios de esta institución de educación superior, junto a integrantes provenientes de la comunidad. Su repertorio recorre distintos períodos y estilos musicales, desde el Renacimiento hasta la música contemporánea, e incluye obras del repertorio clásico universal, música latinoamericana y chilena, coros de ópera y repertorio sinfónico-coral, entre otros géneros.
La dirección está a cargo de la maestra María Isabel Fredes Cáceres, junto a un equipo de profesionales integrado por los jefes de cuerda Lesly Araya, Michelle Quilodrán, Rubén Fuentes y John López, y el pianista acompañante David Contreras.
La presentación aportó un momento de especial significado a la jornada, enriqueciendo el encuentro diocesano con una expresión artística de gran calidad, que reúne sensibilidad, formación y participación comunitaria.
Laicos preparados para servir a sus comunidades
La clausura de la XLVI Asamblea Sinodal incluyó también un momento especial: la conclusión de la Tercera Escuela de Ministerios Laicales, iniciativa formativa que durante varios años ha convocado a un importante grupo de hermanos y hermanas comprometidos con la vida de la Iglesia.
En este espacio se reconoció la perseverancia de quienes han participado en su proceso de formación y se encuentran preparados para poner sus dones y conocimientos al servicio de sus comunidades, allí donde la Iglesia los requiera.
Los participantes recibieron de manos del obispo, monseñor Tomislav Koljatic, un diploma de reconocimiento por el camino formativo realizado. Este gesto puso de relieve la importancia de contar con laicos preparados y dispuestos a asumir responsabilidades en la misión evangelizadora, fortaleciendo la participación y la corresponsabilidad en las parroquias y demás espacios pastorales.
Con la Virgen del Carmen, somos testigos
La 46° Asamblea Sinodal, también contempló, como se ha hecho tradición, la presentación de la Cuenta Pública, de la gestión del Obispado de Linares, a cargo de Rodrigo Barrera, Administrador de Bienes del Obispado de Linares, quien compartió en cifras, estadísticas y relato de contexto, el caminar desde la mirada administrativa, como signo evidente de transparencia. La Asamblea se desarrolla y concluye en un año especialmente significativo para la vida diocesana, marcado por la Misión General y el llamado a vivir en un estado permanente de misión.
El lema que acompañó el encuentro no se limita a una consigna, sino que expresa una invitación a renovar la vocación bautismal y a dar testimonio del Evangelio en la vida cotidiana, en las familias, las comunidades, los lugares de trabajo y cada rincón del territorio diocesano.
Con 46 asambleas realizadas, la Diócesis de Linares continúa escribiendo una historia de participación y discernimiento que busca proyectarse hacia el futuro. Un camino que recuerda que la misión es tarea de todos y que la Iglesia está llamada a caminar unida, con esperanza y disposición para servir.
Con la Virgen del Carmen, la comunidad diocesana renueva así su compromiso de ser testigo de Jesucristo y de llevar su mensaje a quienes más necesitan escuchar una palabra de fe, consuelo y esperanza.

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