{"id":5310,"date":"2020-03-28T02:14:37","date_gmt":"2020-03-28T02:14:37","guid":{"rendered":"http:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/?p=5310"},"modified":"2020-03-28T02:16:37","modified_gmt":"2020-03-28T02:16:37","slug":"meditacion-del-papa-francisco-en-la-bendicion-extraordinaria-urbi-et-orbi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/?p=5310","title":{"rendered":"MEDITACI\u00d3N DEL PAPA FRANCISCO   EN LA BENDICI\u00d3N EXTRAORDINARIA URBI ET ORBI."},"content":{"rendered":"\n<p>27 de marzo, 2020. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-background has-drop-cap has-luminous-vivid-amber-background-color\">\u00abAl atardecer\u00bb (Mc 4,35). As\u00ed\ncomienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece\nque todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas,\ncalles y ciudades; se fueron adue\u00f1ando de nuestras vidas llenando todo de un\nsilencio que ensordece y un vac\u00edo desolador que paraliza todo a su paso: se\npalpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. <\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"791\" src=\"https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas-1024x791.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-5311\" srcset=\"https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas-1024x791.png 1024w, https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas-300x232.png 300w, https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas-768x593.png 768w, https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas-1536x1187.png 1536w, https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas-800x618.png 800w, https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas-180x138.png 180w, https:\/\/obispadodelinares.cl\/ol\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/10-ideas.png 2000w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>Nos encontramos asustados y\nperdidos. Al igual que a los disc\u00edpulos del Evangelio, nos sorprendi\u00f3 una\ntormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que est\u00e1bamos en la misma\nbarca, todos fr\u00e1giles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y\nnecesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos\nmutuamente. <\/p>\n\n\n\n<p>En esta barca, estamos todos.\nComo esos disc\u00edpulos, que hablan con una \u00fanica voz y con angustia dicen:\n\u201cperecemos\u201d (cf. v. 38), tambi\u00e9n nosotros descubrimos que no podemos seguir\ncada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Es f\u00e1cil identificarnos con esta\nhistoria, lo dif\u00edcil es entender la actitud de Jes\u00fas. <\/p>\n\n\n\n<p>Mientras los disc\u00edpulos,\nl\u00f3gicamente, estaban alarmados y desesperados, \u00c9l permanec\u00eda en popa, en la\nparte de la barca que primero se hunde. Y, \u00bfqu\u00e9 hace? A pesar del ajetreo y el\nbullicio, dorm\u00eda tranquilo, confiado en el Padre \u2014es la \u00fanica vez en el\nEvangelio que Jes\u00fas aparece durmiendo\u2014. <\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de que lo despertaran y\nque calmara el viento y las aguas, se dirigi\u00f3 a los disc\u00edpulos con un tono de\nreproche: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no ten\u00e9is fe?\u00bb (v. 40). Tratemos de\nentenderlo. \u00bfEn qu\u00e9 consiste la falta de fe de los disc\u00edpulos que se contrapone\na la confianza de Jes\u00fas? Ellos no hab\u00edan dejado de creer en \u00c9l; de hecho, lo\ninvocaron. Pero veamos c\u00f3mo lo invocan: \u00abMaestro, \u00bfno te importa que\nperezcamos?\u00bb (v. 38). <\/p>\n\n\n\n<p>No te importa: pensaron que Jes\u00fas\nse desinteresaba de ellos, que no les prestaba atenci\u00f3n. Entre nosotros, en\nnuestras familias, lo que m\u00e1s duele es cuando escuchamos decir: \u201c\u00bfEs que no te\nimporto?\u201d. Es una frase que lastima y desata tormentas en el coraz\u00f3n. Tambi\u00e9n\nhabr\u00e1 sacudido a Jes\u00fas, porque a \u00c9l le importamos m\u00e1s que a nadie. De hecho,\nuna vez invocado, salva a sus disc\u00edpulos desconfiados. <\/p>\n\n\n\n<p>La tempestad desenmascara nuestra\nvulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con\nlas que hab\u00edamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y\nprioridades. Nos muestra c\u00f3mo hab\u00edamos dejado dormido y abandonado lo que\nalimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. <\/p>\n\n\n\n<p>La tempestad pone al descubierto\ntodos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutri\u00f3 el alma de nuestros\npueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas\n\u201csalvadoras\u201d, incapaces de apelar a nuestras ra\u00edces y evocar la memoria de\nnuestros ancianos, priv\u00e1ndonos as\u00ed de la inmunidad necesaria para hacerle\nfrente a la adversidad. <\/p>\n\n\n\n<p>Con la tempestad, se cay\u00f3 el\nmaquillaje de esos estereotipos con los que disfraz\u00e1bamos nuestros egos siempre\npretenciosos de querer aparentar; y dej\u00f3 al descubierto, una vez m\u00e1s, esa (bendita)\npertenencia com\u00fan de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia\nde hermanos. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no\nten\u00e9is fe?\u00bb. Se\u00f1or, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En\nnuestro mundo, que T\u00fa amas m\u00e1s que nosotros, hemos avanzado r\u00e1pidamente,\nsinti\u00e9ndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos\ndejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. <\/p>\n\n\n\n<p>No nos hemos detenido ante tus\nllamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no\nhemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo.\nHemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un\nmundo enfermo. <\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, mientras estamos en mares\nagitados, te suplicamos: \u201cDespierta, Se\u00f1or\u201d. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no\nten\u00e9is fe?\u00bb. Se\u00f1or, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es\ntanto creer que T\u00fa existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma\nresuena tu llamada urgente: <\/p>\n\n\n\n<p>\u201cConvert\u00edos\u201d, \u00abvolved a m\u00ed de todo coraz\u00f3n\u00bb\n(Jl 2,12). <\/p>\n\n\n\n<p>Nos llamas a tomar este tiempo de\nprueba como un momento de elecci\u00f3n. No es el momento de tu juicio, sino de\nnuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo\nque pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de\nrestablecer el rumbo de la vida hacia ti, Se\u00f1or, y hacia los dem\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p>Y podemos mirar a tantos\ncompa\u00f1eros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado\ndando la propia vida. Es la fuerza operante del Esp\u00edritu derramada y plasmada\nen valientes y generosas entregas. Es la vida del Esp\u00edritu capaz de rescatar,\nvalorar y mostrar c\u00f3mo nuestras vidas est\u00e1n tejidas y sostenidas por personas\ncomunes \u2014corrientemente olvidadas\u2014 que no aparecen en portadas de diarios y de\nrevistas, ni en las grandes pasarelas del \u00faltimo show pero, sin lugar a dudas,\nest\u00e1n escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia:\nm\u00e9dicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los\nsupermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad,\nvoluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que\ncomprendieron que nadie se salva solo. <\/p>\n\n\n\n<p>Frente al sufrimiento, donde se\nmide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos\nla oraci\u00f3n sacerdotal de Jes\u00fas: \u00abQue todos sean uno\u00bb (Jn 17,21). Cu\u00e1nta gente\ncada d\u00eda demuestra paciencia e infunde esperanza, cuid\u00e1ndose de no sembrar\np\u00e1nico sino corresponsabilidad. Cu\u00e1ntos padres, madres, abuelos y abuelas,\ndocentes muestran a nuestros ni\u00f1os, con gestos peque\u00f1os y cotidianos, c\u00f3mo\nenfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e\nimpulsando la oraci\u00f3n. Cu\u00e1ntas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien\nde todos. La oraci\u00f3n y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no\nten\u00e9is fe?\u00bb. El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvaci\u00f3n. No somos\nautosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Se\u00f1or como los antiguos\nmarineros las estrellas. Invitemos a Jes\u00fas a la barca de nuestra vida.\nEntregu\u00e9mosle nuestros temores, para que los venza. <\/p>\n\n\n\n<p>Al igual que los disc\u00edpulos,\nexperimentaremos que, con \u00c9l a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza\nde Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. \u00c9l\ntrae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El\nSe\u00f1or nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a\nactivar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contenci\u00f3n y sentido\na estas horas donde todo parece naufragar. <\/p>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or se despierta para\ndespertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido\nsalvados. Tenemos un tim\u00f3n: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una\nesperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos\nsepare de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la\nfalta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas\ncosas, escuchemos una vez m\u00e1s el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a\nnuestro lado. <\/p>\n\n\n\n<p>El Se\u00f1or nos interpela desde su\nCruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman,\na potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la\nllama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la\nesperanza. <\/p>\n\n\n\n<p>Abrazar su Cruz es animarse a\nabrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un\ninstante nuestro af\u00e1n de omnipotencia y posesi\u00f3n para darle espacio a la\ncreatividad que s\u00f3lo el Esp\u00edritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar\nespacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de\nhospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. <\/p>\n\n\n\n<p>En su Cruz hemos sido salvados\npara hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga\ntodas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar.\nAbrazar al Se\u00f1or para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que\nlibera del miedo y da esperanza. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ten\u00e9is miedo? \u00bfA\u00fan no\nten\u00e9is fe?\u00bb. Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe\np\u00e9trea de Pedro, esta tarde me gustar\u00eda confiarlos a todos al Se\u00f1or, a trav\u00e9s\nde la intercesi\u00f3n de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar\ntempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre\nvosotros, como un abrazo consolador, la bendici\u00f3n de Dios. <\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or, bendice al mundo, da salud\na los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero\nnuestra fe es d\u00e9bil Se\u00f1or y tenemos miedo. Mas t\u00fa, Se\u00f1or, no nos abandones a\nmerced de la tormenta. Repites de nuevo: \u00abNo teng\u00e1is miedo\u00bb (Mt 28,5). Y nosotros,\njunto con Pedro, \u201cdescargamos en ti todo nuestro agobio, porque sabemos que T\u00fa nos\ncuidas\u201d (cf. 1 P 5,7). <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>27 de marzo, 2020. \u00abAl atardecer\u00bb (Mc 4,35). As\u00ed comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. 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