Reconocemos a Dios presente, absolutamente presente en medio nuestro

admin/ abril 11, 2020/ 2020, Fiesta Religiosa, Sacerdotes

Reflexiones de Semana Santa 2020

Les escribo en momentos en que como cristianos celebramos el corazón de nuestra fe cristiana: la muerte y la resurrección del Señor. 

En estos días de semana santa nos volcamos nuevamente al Padre que, en su Hijo Jesús y en el Espíritu Santo nos sigue mostrando, en acto, la grandeza de su amor. Les escribo también, en este tiempo, en que como humanidad vivimos la pandemia mundial del corona virus. 

Como creyentes ambos acontecimientos los experimentamos iluminados por nuestra fe, preguntándonos, cómo vivimos con renovado espíritu esta semana santa 2020 y cómo, con la luz de la fe, vivimos esta crisis sanitaria mundial.

En esta semana santa “nos hemos quedado en casa”, por amor a los demás y a nosotros mismos y, tal vez, estamos comprendiendo de una nueva manera el misterio de la comunión con Dios y de la comunión con los demás, viviendo la lejanía corporal con cercanía espiritual

Nos preguntamos: ambos acontecimientos, semana santa, la celebración de la muerte y la resurrección del Señor; la pandemia originada por el Covid 19, tendrán alguna relación. Nos preguntamos, ¿cómo estará Dios, presente en medio de la experiencia de la debilidad, de la muerte, de la angustia y temor de muchos, en medio de la crisis? Y bueno, otros cuestionamientos por el estilo

Tratando de vivir y mirar los acontecimientos antes descritos, creo que ellos nos desafían en primer lugar a reconocer que Dios esta presenta en nuestros dolores, debilidad o crisis; no castigando como algunos piensan, sino más bien acompañando como siempre, sosteniendo como siempre y aún más, recordándonos que precisamente en la cruz de su Hijo Jesús ha cargado, asumido y vencido todos los males. 

Esta semana santa, este viernes de la pasión en la espera de la resurrección del Señor, nos desafía mas que en otro tiempo, a celebrar al Dios de la vida, al Dios que ha asumido nuestra condición humana eternamente y hasta el extremo. 

En estos días santos y de pandemia, creo que se nos desafía, en segundo lugar, a reconocer a Cristo encarnado en los sufrientes (crucificados), en los que han padecido, incluso hasta la muerte este Coronavirus; como también en aquellos que los han ayudado a cargar la cruz. 

Nos encontramos desafiados a reconocer con gratitud al Cristo encarnado en nuestra historia y en nosotros mismos, cómo no dar gracias a Dios y cómo no rezar con gratitud por el personal de salud que han servido con sus talentos al Cristo crucificado en los enfermos. Cómo no dar gracias por nuestras instituciones de servicio, bomberos, carabineros, militares, por aquellos que mantienen la cadena de abastecimiento, o por quienes sanitisan nuestras ciudades y espacios comunes, allí está Dios. 

En estos días santos y de pandemia, estamos llamados a reconocer al Cristo encarando que nunca a abandona, en efecto: Dios, nuestro Padre no nos abandona, nunca la hará, aunque nos desafíe, en ciertas circunstancias a afinar el ojo, el oído, para reconocerlo o escucharlo en su silencio salvador. 

En estos días santos y de pandemia, creo que estamos desafiados también a pensar sobre nuestra humanidad, a pensar sobre las cuestiones fundamentales de nuestra vida y de nuestras relaciones humanas. Esta crisis puede ser ocasión para crecer como nueva humanidad en Cristo, y para enriquecer de otras formas y modos nuestras relaciones humanas, por lo pronto en el autocuidado que es también cuidado de los demás. 

Tenemos más tiempo para conversar, para rezar, para relacionarnos. Aprovechemos estos días en casa, este tiempo de “cuarentenas”, para conectarnos más con el Señor y con los demás. Que, en estos días santos, que en esta crisis sanitaria mundial seamos capaces a la luz de nuestra fe de reconocer a Dios presente, absolutamente presente en medio nuestro. Finalmente, recordemos en esta semana santa 2020 que el Señor en su encarnación, en su cruz ha asumido nuestra humanidad con todo lo que ello significa, recordemos que nuestra debilidad ha sido asumida y redimida en la encarnación y en la cruz del Señor. 

A la espera del Señor Resucitado nuestra compañía y bendición

Juan Sebastián Pérez Núñez

Párroco Niño Jesús, Villa Alegre

Decano de San Javier

Compartir esta entrada