admin/ agosto 1, 2016/ 2016, Aniversario, Reconocimientos, Vocación/ 0 comentarios

Don Augusto Salinas Fuenzalida fue el cuarto Obispo de Linares desde 1958 a 1976. Había nacido en Santiago el 11 de septiembre de 1899, y después de titularse de Abogado y más tarde ser Rector del Colegio de los Sagrados Corazones de Valparaíso, fue consagrado Obispo el 26 de noviembre de 1939 para la Diócesis de Temuco. Estuvo en la región de la Araucanía un año y medio hasta que el Papa Pío XII lo designó Obispo Auxiliar de Santiago, trasladándolo a la Sede titular de Nisiro el 9 de febrero de 1941. En ese tiempo fue Asesor General de la Acción Católica de Chile y uno de los prelados más influyentes del país. En 1949 hizo la Visita Ad Limina a la Sede Apostólica del Vaticano en representación del Cardenal Primado don José María Caro. Desde Santiago el 3 de agosto de 1950 el mismo Papa lo envió a la Diócesis de San Carlos de Ancud, donde en 1954 celebró sus Bodas de Platas sacerdotales y el IV Sínodo de Ancud. Al fallecer el Obispo Roberto Moreira fue trasladado a nuestra Diócesis el 15 de junio de 1958. Hizo su ingreso en Linares el 29 de agosto siguiente. Al llegar se encontró con la Catedral todavía en construcción. Para embellecerla trajo a fines de 1958 al artista italiano don Giulio Di Girólamo. Las últimas lluvias habían mostrado que el principal templo católico de Linares se goteaba por todas partes. Por eso lo primero que le encomendó fue rediseñar el tejado. Así nacieron las hermosas tejas de estilo lombardo que en principio iban a ser sólo para la Catedral de Linares. Como agradaron tanto y el fabricante vio que era buen negocio seguir haciéndolas, desde esos años se propagaron para cubrir un sinnúmero de viviendas particulares. Después el Maestro Di Girólamo continuó con la confección de las lámparas de fierro forjado y la ornamentación en mármol del Presbiterio, colosal obra coronada con el espléndido Mosaico de cien metros cuadrados que adorna el ábside del Altar Mayor. Cuando el segundo Obispo de Linares don Juan Subercaseaux proyectó la Catedral jamás imaginó que su obra iba a terminar siendo como un bellísimo cofre oriental. Lleno de filigranas y precioso por fuera; para dar paso a un magnífico interior adornado con las maravillosas creaciones de don Giulio. Por escasez de recursos financieros en el Altar Mayor se habían puesto el Trono de mármol y el estupendo Cirial, regalos del Papa, en una ambientación muy sencilla que rodeaba un gran mesón de madera para las celebraciones eucarísticas. Atrás en el muro recién estucado aparecían tímidamente unos bosquejos del famoso artista Fray Pedro Subercaseaux, hermano del Obispo, que le colaboró en forma espontánea con preciosos dibujos. Inspirándose en la Basílica de San Cosme y Damián que se levanta junto a los foros romanos, había esbozado una sencilla Cruz de la que manaba una fuente de agua viva a la que iban a saciar su sed un grupo de ovejitas desde ambos lados. Con esos antecedentes, en un arduo proceso que duró tres años y medio desde 1963 a 1967 don Giulio creó la colosal obra del mosaico de la Catedral de Linares. En el origen de esta empresa estuvo el genio de Mons. Augusto Salinas. Para llevar adelante esta iniciativa contó con poquísimo apoyo porque para la inmensa mayoría de los linarenses de entonces se trataba de algo simplemente descabellado. Sólo el beneplácito del Vicario don Humberto Meza, la amistad muy sincera del matrimonio conformado por don Héctor Tarico y la Sra. KiKa, y el puñadito de intelectuales del Grupo Ancoa en que destacaban don Manuel Francisco Mesa Seco y el matrimonio Olmos-Jauch, fueron el soporte emocional para que el Obispo Salinas legara esta obra de arte que dignificó para siempre a la Catedral, y puso a Linares en las principales rutas del turismo. Cuando participó en el Concilio Vaticano II estuvo muy de acuerdo en votar a favor de que los Obispos presentaran la renuncia a su cargo al cumplir 75 años. Pero al llegarle ese momento a él, le pidió al Papa Paulo VI que lo dejara un tiempo más. El Santo Padre le concedió más de un año y después nombró a don Carlos Camus que había sido su alumno en el Colegio para sucederlo en Linares. Se retiró al Convento de su Congregación en Valparaíso donde después de haber escrito varios libros falleció el 1° de agosto de 1997. Desde el 27 de noviembre de 2014 sus restos mortales descansan en la Cripta de nuestra Catedral que tanto amó.

Ver más Fotografías
Compartir esta entrada

Dejar un Comentar