admin/ enero 17, 2014/ 2014, Aniversario/ 0 comentarios

Rodeado de familiares y amigos, Monseñor Carlos Camus Larenas, celebró sus 87 años de vida.  En un ambiente familiar y muy festivo, Don Carlos Camus, Obispo emérito de Linares, celebró un año más de vida, dando gracias a Dios por este camino recorrido, las bendiciones recibidas y el cariño permanente de su querido Linares.


En su domicilio particular, recibió los saludados de Mons. Tomislav Koljatic, parte del clero diocesano, Mons. Camilo Vial y representantes de distintas agrupaciones vinculados a ex presos políticos y desaparecidos durante la dictadura.

Muy emocionado agradeció todas las muestras de cariño, recibidas por teléfono y en diversas redes sociales, es impresionante como se acortan las distancias hoy en día, señaló al leer su facebook y correo electrónico.

Al ser consultado cómo evaluaría lo vivido, un poco nostálgico, comentó: “87 es mucho, no creí que iba a vivir tanto, pero bueno es Dios quien dispone y si él así lo quiere, aquí estoy yo -si hay que sufrir, sufrimos y si hay que reír, reiremos de ganas-  Los primeros 50 años, fueron estupendos y de los 50 en adelante son puras deudas no más.

¿Y cuáles serían esas deudas?

De todo un poco, materiales y espirituales… materiales pues comienzan los achaques de salud y parten los gastos médicos y de medicamentos, que no son menores. Y deudas espirituales también, pues hay tanto que debí hacer y no alcancé, no he podido hacer muchas cosas.

¿Qué más le habría gustado hacer?

Cuando uno, en esta tarea de sacerdote – obispo, más responsabilidades tiene, más deudas son las que quedan, uno trata de hacer lo posible, pero siempre debería poder hacer más, me habría gustado seguir, pero los años se apuraron mucho.

¿Qué recuerdos añora? Siempre me gustó recorrer la diócesis, compartir con la gente, ir de una comunidad a otra y compartir la vida con ellos.  Cuando había Confirmaciones, era una gran ocasión para ver a la gente, que siempre ha sido tan cariñosa conmigo.

Son muchos los saludos y mensajes que a través de las redes sociales ha recibido durante estos días, qué les respondería a esas personas.

Siempre estoy recibiendo el cariño de la gente, vienen a verme, me acompañan con sus oraciones y en cada detalle demuestran su cercanía y aprecio, me gustaría decirles que les quiero mucho, que los echo mucho de menos, no me olvido de la gente,  el cariño es recíproco y ahora en mis días de jubilado, tengo más tiempo para rezar por cada uno y pedirle al Señor que los cuide siempre,

¿Qué le gustaría que las nuevas generaciones conocieran de usted?

Sonríe un poco y dice, sepan que no siempre fui tan viejo, que fui un sacerdote y obispo que se entregó con alegría y por completo para hacer vida la Buena Nueva del Señor, siempre reconociendo las propias debilidades y pidiéndole al Señor que no me dejara solo y que cada día reforzara mí fe para servirle con fidelidad.

Breve Biografía

Quinto Obispo de Linares: (17-04-1977 a 17- 01-2003). Nació en Valparaíso el 14 de enero de 1927.  Se graduó de la carrera de Ingeniería Química en la Universidad Católica de Valparaíso, en 1949.  El mismo año entró al Seminario Pontificio de Santiago y el 21 de septiembre de 1957 fue ordenado como sacerdote. S.S. Paulo VI lo nombró Obispo de Copiapó el 31 de enero de 1968.  Su consagración episcopal tuvo lugar el 3 de marzo de 1968, siendo su lema Episcopal: “La Victoria que vence al mundo es nuestra Fe”

A fines de 1973 fue elegido Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile. El 11 de diciembre de 1976, S.S. Pablo VI lo trasladó a la sede de Linares. Renunció a la Diócesis el 15 de enero del 2003, en virtud de su edad.

En medio de una situación que alguien definió como «un gran bostezo pastoral» el Papa Pablo VI nombró al entonces Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile don Carlos Camus Larenas, Obispo de Linares, con quien llegó a la Diócesis la fuerza maravillosa del Espíritu Santo que se fue haciendo presente en forma arrolladora. En sus Visitas Pastorales captó de inmediato la conveniencia de promover más la vida de las Comunidades Cristianas, descentralizando las Parroquias, creando los Departamentos Diocesanos, difundiendo la Palabra de Dios, organizando misiones, llamando a los jóvenes, impulsando especialmente la catequesis familiar y levantando cerca de 450 Capillas. Las Hermanas de la Consolación, la Oblata canadiense Gabriela Foucault y buena parte de un laicado entusiasta se puso a disposición de un Plan de trabajo que al principio fue muy participativo y secundado por la mayoría.

Tres grandes problemas debió enfrentar el nuevo Obispo: la defensa de los Derechos Humanos, la escasez de recursos económicos, y la oposición de la derecha. Algo más puntual fue el espinudo tema de la «Colonia Dignidad». Los líderes de esos colonos alemanes afincados en Villa Baviera (Parral) en su fanatismo no dudaron hasta en amenazarlo de muerte, con lo cual lo único que consiguieron fue que creciera más su popularidad, al punto que su estatura se agigantó no sólo en el ámbito local sino en el concierto internacional. El apoyo económico bastante generoso de algunas organizaciones europeas, norteamericanas y canadienses, y la tenacidad y creatividad de cientos de colaboradores anónimos permitieron que una Iglesia fuertemente laical resultara como fruto del trabajo pastoral del Obispo Camus.

Con su estilo penetrante y sencillo logró poner a Linares en el mapa mundi.

El cambio de Obispo, efectuado el 17 de abril de 1977, significó para la Diócesis el inicio de un proceso de profundas transformaciones tanto internas como respecto a sus relaciones con la vida de la gente.

Señalamos en primer lugar, que hasta ese momento la Iglesia aquí había mantenido una estructura bastante tradicional, pese a los cambios iniciados a partir del Concilio Vaticano II. Un ejemplo de esta situación lo constituye el escaso número de comunidades de base en sectores rurales que había a la fecha, y la poca o nula participación activa del laicado en tareas de evangelización

Al asumir Mons. Carlos Camus se inicia un trabajo que pone énfasis en la organización de comunidades cristianas de base, especialmente en los sectores rurales, lo que necesariamente obliga a realizar programas de capacitación de dirigentes en distintos niveles. Parecerá extraño pero fue entonces cuando se hizo la primera jornada de formación en la Casa de Ejercicios de Chacahuín, aunque para ser objetivos en tiempos de Mons. Salinas había habido un Sínodo y una Misión General, pero que no lograron cambiar prácticamente nada.

Es en este último tiempo cuando se comienza un amplio plan de construcción de capillas, destinado a hacer presente a la Iglesia en la mayor parte de los sectores rurales y poblacionales de la Diócesis, y cuando se trabaja en todas partes por mejorar los locales para reuniones y jornadas, particularmente singularizado en el esfuerzo de construir la Casa de Ejercicios de Chanco cuando todavía era bastante difícil llegar hasta la costa con los materiales debido a los pésimos caminos existentes.

En su vuelco al campo, la Iglesia conoce y comparte las angustias de los más pobres, y comprende que debe asumir un rol activo en defensa de los derechos de los campesinos. Se buscan respuestas a los problemas más agudos y empiezan a entregarse programas de créditos disponiendo de fondos rotatorios ofrecidos por Agencias del Exterior; programas de auto-ayuda en base a los recursos alimentarios de Cáritas; y se trata de motivar y organizar a un mayor número de personas a través de Misiones de 15 días en que equipos de religiosas y jóvenes animan la vida de las comunidades. Esta acción logra atraer y movilizar inmediatamente a más de 150 comunidades que crecerán hasta unas 400 y que expresan su mayor grado de vinculación con la catequesis familiar y la pastoral juvenil rural; y por medio del periódico mensual BUENA NUEVA que se edita con 5.000 ejemplares y la concurrencia de sus delegados a la Asamblea Anual del Sínodo Permanente.

Desde 1977, la Iglesia Diocesana de Linares, y sobre todo su Obispo, asume un rol profético de denuncia de injusticias y de anuncio del mensaje evangélico.

Todos estos cambios determinan también el inicio de un quiebre al interior de la Iglesia, ya que hay sectores minoritarios anclados en un fuerte tradicionalismo, que no están de acuerdo con las nuevas actitudes de la Iglesia, o aceptándolas en su fuero interno porque de todas maneras se siguieron sintiendo católicos, preferirían expresiones menos audaces y comprometidas.

Por otra parte, se dan graves conflictos Iglesia-Estado, situación prácticamente inédita en la Diócesis porque la situación política del País durante el último medio siglo había sido diferente y en que el Clero y el Obispo habían sido tradicionales anfitriones de militares y dueño de fundos y viceversa.

Tanto el Obispo Camus, como los Sacerdotes, Diáconos, Religiosas, Religiosos y Laicos que lo siguen y apoyan, acusan manifestaciones solapadas o abiertas de persecución de parte del Régimen y el abandono de la lealtad de católicos muy significativos.

Desde el 17 de abril de 1977 la Iglesia Diocesana de Linares conocerá también el sufrimiento, la persecución y la cárcel, corriendo la misma suerte de otras Iglesias hermanas de América Latina que en su fidelidad a Jesús se han visto emplazadas a renovar su vida pasando por el crisol del dolor y la incomprensión.

Con la vuelta a la Democracia en Chile toda esta realidad afortunadamente cambiará, los católicos militantes encontrarán nuevos cauces para su participación, la vida pastoral se hará más tranquila y el reconocimiento al Obispo se hará más explícito. El mayor hito de esto se verá el 17 de abril del 2002 cuando el propio Presidente de la República don Ricardo Lagos Escobar entrará a la Catedral en medio de una muchedumbre inmensa a ofrecerle su homenaje con motivo de cumplir don Carlos Camus 25 años como Obispo de Linares.

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