admin/ noviembre 16, 2012/ 2012/ 0 comentarios

El año 2006 la Conferencia Episcopal de Chile decidió dedicar un domingo al año a rezar por la Iglesia perseguida en el mundo; por todos aquellos cristianos que con heroísmo viven su fe, en algunas ocasiones arriesgando la vida. Hoy, 7 años después, esta decisión de acompañar a los cristianos heroicos se ha vuelto una urgencia.

Más de 200 millones de cristianos son perseguidos o sufren discriminación a causa de su fe. Asimismo, los cristianos que viven en 40 naciones en las cuales no se respeta la libertad religiosa, no son un preocupante estadística. Ellos tienen nombre. Ellos tienen rostro.

Y nos ruegan que recemos por ellos. También nos lo pide Benedicto XVI, quien reitera que la libertad religiosa es el primer derecho del hombre. “Con demasiada frecuencia y por distintos motivos, el derecho a la libertad religiosa se sigue limitando y violando”, expresó el Papa el 9 de enero de este año 2012.

El 75% de las víctimas de la persecución por motivos religiosos en el mundo, son cristianos.En Asia el cristianismo vive días muy difíciles. Cualquier signo religioso cristiano está prohibido en Arabia Saudita, ya que el Estado considera todo su territorio la tierra santa del Islam. Ser cristiano en Orissa (India), puede llegar costar la vida, producto de la violencia de los grupos hinduistas radicales. En China, el gobierno comunista prohíbe la Iglesia Católica fiel a Roma. En Corea del Norte, los niños que nacen en una familia cristiana son ciudadanos de segunda categoría; no existe la libertad religiosa. Vietnam, es el país del mundo con el mayor número de mártires declarados por la Iglesia Católica. En Tierra Santa, la minoría cristiana se ve desplazada y discriminada, viviendo una tendencia a la desaparición.

En muchos países de África se vive una fuerte represión anticristiana. En algunos, producto de las luchas internas, y en otros, por la inestabilidad política que ha llevado, sobre todo en el norte de África, a una radicalización del fundamentalismo islámico.

El año 2011 el mundo vio cómo los pueblos del norte de África y Medio Oriente se levantaron contra regímenes autoritarios, en lo que se conoce como la “Primavera Árabe”. Gran parte de esos países viven hoy tiempos de transición política, en los cuales la situación de las minorías religiosas es difícil.

En Occidente, la libertad sin límite se ensalza como valor supremo. El relativismo lleva a que cada cual posea su verdad y se tiende a sobredimensionar la tolerancia, de manera tal que a ratos ésta se vuelve contra las expresiones de esa libertad individual que ella misma busca cautelar.

En este ambiente, es palpable la falta de valoración y de respeto por la religión y en especial por la fe cristiana. Esta es también una forma de discriminación, muchas veces oculta bajo el barniz de una mal entendida y exacerbada libertad de expresión.

Al respecto, Benedicto XVI señaló el año 2010: “El precio que hay que pagar por la fidelidad al Evangelio… a menudo implica ser excluido, ridiculizado o parodiado. Y, sin embargo, la Iglesia no puede sustraerse a la misión de anunciar a Cristo y su Evangelio como verdad salvadora”.

En este Año de la Fe, convocado por el Papa, conocer la realidad y rezar por los sacerdotes, religiosas y laicos que viven su fidelidad a Cristo de manera heroica, nos acrecienta y fortalece la fe. Nos abre el corazón a la Iglesia universal a la que pertenecemos, como miembros del cuerpo místico de Jesús.

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