admin/ noviembre 3, 2019/ 2019

La Iglesia de Linares celebra la ordenación de 4 nuevos diáconos permanentes, quienes luego de un camino de discernimiento y preparación acogen el llamado a ser servidores del Pueblo de Dios.

Jaime Sebastián Mora Henríquez, Jorge Patricio González Jara, Eduardo Joaquín Cortés-Monroy Guzmán y Víctor Daniel Cerda Ramírez, fueron ordenados diáconos permanentes, provenientes de las Parroquias San José (Constitución), San Francisco (Parral), San José ( Parral) y Santos Chilenos (Linares), fueron acompañados por sus familias, comunidades parroquiales,sacerdotes y diáconos,  en la Eucaristía del sábado 02 de noviembre presidida por Monseñor Tomislav.

El “diaconado permanente” constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia,  es un grado de servicio, que viene establecido desde el tiempo de los apóstoles, y posee tres dimensiones: las funciones litúrgicas , el ministerio de la Palabra y el servicio a la caridad». destacó Monseñor Koljatic en la homilía.

El momento más emotivo del rito de la ordenación es cuando los nuevos diáconos   recibieron de parte de sus familias la estola del diácono es símbolo de sacrificio y generosidad en el servicio de la comunidad cristiana.

Un Poco de Historia

Un antecedente de poca difusión es el que señala que Chile es uno de los países con mayor proporción de diáconos permanentes en relación con su población. Así se desprende de las cifras entregadas por el Anuario Pontificio 2018. En momentos en que nuestra Iglesia católica vive un momento histórico en que se demanda una mayor participación de los laicos, resulta especialmente interesante recordar el significado que tiene el diaconado, junto con repasar su evolución.

El 4 de septiembre de 1967 la Conferencia Episcopal de Chile solicitó a la Santa Sede la autorización para establecer el diaconado permanente en Chile. Fue la primera en el mundo en hacerlo. Como propósitos, expresó «mantener la fe en las comunidades aisladas, fortalecerla en las comunidades numerosas de las ciudades y en los barrios populares, suplir la escasez de sacerdotes y al mismo tiempo enriquecer el apostolado de la Iglesia». El Vaticano lo aprobó el 5 de diciembre de ese mismo año y en mayo de 1968 la señalada Conferencia aprobó un «Reglamento para el diaconado permanente en Chile».



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